Unas vacaciones especiales

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Si uno tiene la desgracia de quedarse en la ciudad, lo mejor que puede hacer estos días es ir al cine, aunque tiene que tener en cuenta que la película puede ser un rábano. En las carteleras de verano, estación caracterizada por el aumento de los niveles de estupidez, se pueden colar fácilmente americanadas para adolescentes hasta producidas en España y vendidas como vete a saber qué. De todas formas, el frío que se pasa en las salas de proyección justifica el desplazamiento en plena canícula, el gasto del billete de entrada y el riesgo de degradación neuronal.

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